#Espectaculos | Oscars 2020: el día que Corea hizo historia en la Academia

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Por: Luis Bond // @luisbond009

Desde que los premios que otorga la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas (mejor conocido como Oscar) se transformaron en un evento mainstream, han estado rodeados de polémica. De hecho, entre los críticos de cine, realizadores y el público en general, cada vez son más los detractores de este galardón lo que ha hecho que su rating vaya en picada. Desde la selección de los nominados en cualquier categoría (por la exclusión e inclusión de algunos títulos o la poca diversidad racial o de género), el espectáculo de la ceremonia (por ser excesivamente largo, sus hosts aburridos, su humor pacato o números musicales fallidos), hasta la premiación per se (incluyendo los discursos de los ganadores)… todo está sometido a una crítica feroz. A pesar de esto, el mundo del entretenimiento se paraliza y vuelca toda su atención a la entrega de las estatuillas todos los años. Sin ir muy lejos, hasta las personas que menos saben de cine conocen el Oscar y, para muchos, todavía sigue siendo el máximo galardón al que puede aspirar un cineasta.

 

Más allá de reconocer a las mejores películas, realizadores y actores del año, los Premios de la Academia han estado viciados por agendas políticas que buscan complacer —o conmocionar— a la industria del entretenimiento (una de las más grandes, rentables y poderosas del mundo). Es así como cada año tenemos un termómetro de los temas que están en la palestra de Estados Unidos dentro de sus nominadas, haciendo que la premiación obedezca a ciertos paradigmas previamente establecidos por la opinión pública. Por supuesto, esto le ha quitado prestigio a la estatuilla en algunos círculos especializados y pone en entredicho el criterio de la AMPAS. Para muestra un botón, en las últimas décadas pareciera que hay una cohesión temática en los largometrajes que se pelean en las categorías principales, consiguiendo en las listas de nominados argumentos que se repiten. Verbigracia: historias bélicas (llevando la batuta las ambientadas en la Segunda Guerra Mundial), otras relacionadas con las injusticias que han sufrido los afrodescendientes o la comunidad LGTBQ+, películas que rinden homenaje al cine y apelan a la nostalgia, largometrajes inspirados en algún hecho o personaje de la vida real —sea famoso o no—, no falta el film que se apalanca en el escándalo de turno para abrirse paso en la lista (como el #MeToo, la pedofilia o la corrupción) y la inclusión de algún realizador “polémico” y/o extranjero para dar un aire de “diversidad”.

 

Este año, los premios de la Academia no pintaban muy diferente, al mantenerse sumidos en las mismas polémicas de los últimos años: la ausencia de mujeres en categorías técnicas —sobre todo dirección—, el #OscarSoWhite , la poca representación de la comunidad LGTBQ+ en las nominaciones y la penetración —cada vez mayor— de Netflix en varios renglones. Para rematar, el “festivalometro” no dejó lugar a dudas de los grandes ganadores de la noche: Laura Dern como Mejor actriz de reparto por Marriage Story, Brad Pitt  como Mejor actor de reparto por Once Upon a Time… in Hollywood (reconocimientos super merecidos y que se sostienen sobre las carreras de ambos), Renee Zellweger como Mejor actriz por Judy y Joaquin Phoenix como Mejor actor por Joker.

 

A diferencia de las categorías mainstream, en las técnicas tuvimos las más gratas sorpresas de la noche, como el triunfo de Ford V Ferrari en Mejor edición y Mejor edición de sonido, lo mismo que otros premios que esperábamos con ansias, como el segundo Oscar para el maestro Roger Deakins por la cinematografía de 1917, el galardón de Jacqueline Durran por el Mejor diseño de vestuario en Little Women (el único reconocimiento que se llevó el largometraje), el Mejor maquillaje y peinado para el equipo de Kazu Hiro, Anne Morgan y Vivian Baker por Bombshell,  el Mejor diseño de producción para la dupla de Barbara Ling y Nancy Haigh por Once Upon a Time… in Hollywood, la Mejor banda sonora para Hildur Guðnadóttir por Joker (transformándose en la primera mujer que gana en este renglón y cuya estatuilla fue entregada por nuestras heroínas Gal Gadot/Wonder Woman, Brie Larson/Captain Marvel y Sigourney Weaver/Ripley, protagonizando uno de los momentos más emotivos de la gala), Mejor canción original para Sir Elton John y Bernie Taupin por (I’m Gonna) Love Me Again de Rocketman y Mejor película animada para Toy Story 4 (manteniendo la hegemonía de Pixar en esta categoría). Una de las grandes sorpresas fue que Jojo Rabbit se llevara Mejor guión adaptado —dejando por fuera a Greta Gerwig, una de las favoritas de la noche—, rompiendo la tendencia de la AMPAS a menospreciar las comedias, lo mismo que 1917 se alzara con Mejor mezcla de sonido y Mejores efectos especiales —siendo esta última la más cuestionada frente a trabajos como Avengers Endgame o The Lion King—, lo que infló el largometraje de Sam Mendes, haciéndole pensar a muchos que posiblemente podría llevarse la Mejor película.

 

Más allá de las sorpresas y obviedades antes mencionadas, esta entrega tenía algo especial: la presencia de Parasite, una película coreana de Bong Joon Ho (ganadora de la Palma de Oro en Cannes y la favorita de la temporada de premios, llevándose reconocimientos en los Golden Globes, Screen Actors Guild Awards, Critics´ Choice Awards, British Academy Film and Television Arts, entre otros), con 6 nominaciones distribuidas en las categorías técnicas de peso (Mejor dirección, Mejor guión original, Mejor montaje, Mejor diseño de producción) y en los renglones de Mejor película internacional y Mejor película. Gracias a su increíble factura, propuesta narrativa y estética, el largometraje de Corea del Sur era la favorita de la crítica y, en el mejor de los casos, parecía que podía llevarse alguna estatuilla de las categorías técnicas junto con la más que merecida Mejor película internacional. Las quinielas comenzaron a destrozarse cuando se llevó Mejor guión original —destronando la predicción de que Tarantino se lo llevaría— y Mejor dirección —destruyendo la tendencia, que parecía irreversible, de que Sam Mendes se haría con la estatuilla. Tal fue el nivel de sorpresa que el mismísimo Bong Joon Ho no salía de su asombro cada vez que lo llamaron al escenario. No obstante, en cada discurso dio una cátedra de humildad y reconoció la maestría de los otros nominados (haciendo especial énfasis en Tarantino y Scorsese, a quienes estudió durante su formación como cineasta). Por supuesto, Parasite cumplió con las expectativas y se ganó el premio de Mejor película internacional y, dejando a todos con la quijada en el suelo, cerró la noche con broche de oro llevándose Mejor película.

 

¿Por qué es tan extraño lo que sucedió en esta ceremonia de los Oscars? Son apenas 10 los títulos que han sido nominados a Mejor película extranjera y Mejor película por la AMPAS: Grand Illusion (1938 de Jean Renoir), Z (1969 de Costa-Garvas), The Emigrants (1972), Cries and Whispers (1973 de Ingmar Bergman), Il Postino (1995 de Michael Radford), La vida es bella (1998, de Roberto Benigni, quien se alzó con el Oscar a Mejor actor), Crouching Tiger, Hidden Dragon (2000 de Ang Lee), Letters From Iwo Jima (2006 de Clint Eastwood), Babel (2006, de Alejandro González Iñarritú), Amour (2012 de Michael Haneke) y Roma (2018 de Alfonso Cuaron). Muchas son consideradas películas imprescindibles hoy en día y son dirigidas por realizadores de culto que, por supuesto, merecían llevarse el reconocimiento más importante de ese año. ¿Qué tiene de especial Parasite que logró este hito?, más allá de su excelente factura a todo nivel (guión, dirección, producción, fotografía, arte, montaje, actuaciones, música), la película de Bong Joon Ho posee un lenguaje cinematográfico tan depurado que recuerda al mismísimo Hitchcock y, al mismo tiempo, es un híbrido de géneros —comedia, suspenso y drama— que nada tiene que envidiarle a genios de las mezclas como Tarantino, Lynch o Scorsese. Todo esto sustentado por un argumento universal con el que cualquiera puede sentirse identificado y que toca una fibra delicada del mundo contemporáneo: la desigualdad de clases sociales. Alejándose del panfleto o queriendo hacer un statement político, su director, guionista y co-productor supo cómo moverse con maestría y regalarnos una historia que confronta la brújula moral del público, exponiendo una de las más fuertes sombras del colectivo. Un trabajo de filigrana hilado con inteligencia, humor y maestría a todo nivel técnico. Un cisne negro que cambió la historia de estos controversiales premios.

El triunfo de Parasite, Jojo Rabbit y Joker es el de todos. Es una muestra de que los tiempos están cambiando y la Academia también. Por supuesto, no al ritmo que deseamos ni de la forma más óptima, pero esta apertura da un vuelco de 180º a cómo percibe el público los Oscars y la industria. Jamás hubiésemos pensado que una película coreana —tan diferente en idioma, cultura y hasta fenotipo— se llevaría el galardón de Mejor película (ni Mejor dirección o Mejor guión original), siendo ovacionada —y de pie— por todos los presentes en la ceremonia (largometraje, vale la pena acotar, producido por una mujer). Mucho menos que una comedia sobre un niño que tiene a Hitler como amigo imaginario pudiese llevarse Mejor guión adaptado y ni hablar de las 11 nominaciones y 2 estatuillas para un largometraje inspirado en un personaje de cómics (abriendo el compás para el cine de super héroes, premiando a la primera mujer por Mejor banda sonora y saldando cuentas pendientes con un genio como Phoenix). Por más extraño que parezca, estas victorias nos favorecen a todos. Son ellas las que hicieron esta entrega histórica. Bong Joon Ho abrió una puerta enorme a nuevos realizadores de muchas latitudes para que conquisten el mercado de Hollywood y, por ende, al mundo, regalándonos a los espectadores nuevas formas de narrar, consumir historias y acercarnos a otras culturas. Algo invaluable y cuyo impacto podremos disfrutar en los próximos años. De momento, solo nos queda brindar por haber podido presenciar este domingo 9 de febrero parte de la historia del cine al sintonizar la ceremonia de los Oscars.

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Fuente: www.asimplevista.com

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