#Espectaculos | Doctor Sleep: matar y honrar al padre

0
1

Crítica por: Luis Bond // @luisbond09

Vivimos en una época donde las secuelas están a la orden del día. Sea por nostalgia o mera explotación comercial, pareciera que todas las películas son susceptibles a tener una continuación. Solo hace falta echarle un vistazo a la cartelera de la última década —y a las listas de próximos estrenos— para darnos cuenta que nada se escapa al fenómeno de las segundas y terceras partes… Mejor dicho, casi nada. Aparentemente, los únicos largometrajes que son la excepción a la regla son aquellos cobijados bajo el ala de realizadores de culto, esos que, por respeto a la historia del cine, se mantienen incólumes en el Olimpo.

 

Podemos imaginarnos innumerables entregas de Fast and Furious, pero jamás nos pasaría por la mente hacer una continuación de clásicos como Apocalypse Now, Taxi Driver, Citizane Kane, Casablanca, Chinatown o Rear Window. Es por eso que cuando se anunció la secuela de The Shining, una de las películas más importantes de Stanley Kubrick, todos se escandalizaron. Paradójicamente, y por más difícil que sea para los cinéfilos pensar en algo así, era solo cuestión de tiempo para que esto ocurriese. Recordemos que la película está inspirada en la obra homónima del maestro del horror Stephen King, por ende, en el momento en el que su autor escribiese una segunda parte era muy probable que existiese la posibilidad de llevarla a la pantalla (sumado al descontento que tuvo el escritor por la adaptación de The Shining, a pesar de ser un largometraje icónico dentro de la filmografía del terror).

 

Entendiendo que una secuela de The Shining no es necesariamente una extensión de la película de Kubrick (sino la continuación de una novela de Stephen King), nos enfrentamos a una gran pregunta: ¿quién se atrevería a adaptar un material cuya fuente principal fue llevada a la pantalla por uno de los directores más brillantes de la historia del cine? La respuesta la tenemos hoy en cartelera en Doctor Sleep (Doctor sueño), la nueva película del Director, Guionista y Editor Mike Flanagan, un realizador que ha explorado el suspenso y el terror en todas sus presentaciones y que viene a sorprendernos con una visión completamente diferente a la del maestro Kubrick.

 

Inspirada en la novela homónima de Stephen King, Doctor Sleep se desarrolla muchos años después de The Shining y cuenta 3 historias que se desarrollan en paralelo. La primera, es la de Dan Torrance (Ewan McGregor), un hombre con poderes especiales (como telepatía y ver “otros planos”) que luego de sobrevivir en su infancia a los horrores de un hotel maldito (que llevó a la locura a su padre), intenta rehacer su vida luchando con el alcoholismo. En paralelo, conocemos a Rose the Hat (Rebecca Ferguson) y su grupo de seguidores, una especie de secta que vive movilizándose por Estados Unidos en busca de seres humanos extraordinarios para torturarlos, succionarles el alma y así mantenerse jóvenes. Por último, nos presentan a Abra Stone (Kyliegh Curran), una adolescente con habilidades psíquicas mucho más fuertes que las de Dan (telekinesis, proyección astral, leer mentes, telepatía, entre otros) y que intenta comprender qué hacer con sus dones. Por vueltas del destino, Dan y Abra entablan una amistad a distancia que se verá amenazada cuando Rose y su séquito deseen ir por la chica para alimentarse de su alma.

 

Desde su premisa, sabemos que Doctor Sleep dista muchísimo de su predecesora. The Shining es una película casi minimalista en su planteamiento (una familia está encerrada en un hotel en el medio de la nada y es acosada por presencias sobrenaturales), con una puesta en escena bien definida dentro de su género (hasta el punto de considerarse como una de las piedras angulares del horror) y bajo la batuta de uno de los directores más excepcionales del séptimo arte. En la otra antípoda, Doctor Sleep plantea un universo mucho más extenso y complejo, plagado de diferentes personajes (en ubicaciones geográficas, contextos y edades disímiles), introduce nuevos elementos a la narrativa (como poderes especiales de todo tipo,  entidades malignas, viajes astrales, pactos demoníacos), es una mezcla de géneros (thriller psicológico, suspenso, horror, drama) y es dirigida, escrita y editada por Mike Flanagan (un realizador joven que se caracteriza por su constante experimentación dentro de todas las gradientes y subgéneros del suspenso). El resultado es como si comparáramos un cuento del maestro Jorge Luis Borges (una pieza de culto, sólida y perfecta) con la novela de un escritor moderno (que juega con la narrativa, tiene bemoles y busca homenajear a sus mentores, pero sin calcarlos): lo que muchos verán como un sacrilegio, otros lo percibirán como un acto de valentía —y harto necesario— para seguir explorando una historia que tiene mucho que ofrecernos.

 

Mike Flanagan (Oculus, Absentia, Hush,The Haunting of Hill House) es un cineasta integral y tiene el control absoluto de la narración de sus películas al ser el responsable de las 3 áreas dedicadas al storytelling. En su filmografía se ha paseado por muchos géneros y subgéneros con maestría (Home invasión, Thriller psicológico, terror, sobrenatural y horror), ha trabajado en secuelas —que superan a sus predecesoras—, creó una serie de televisión donde rinde homenaje a todos los maestros del suspenso y, por si fuera poco, ha adaptado material de Stephen King a la pantalla (y con la venia del escritor, algo bastante atípico). En pocas palabras, Flanagan es un autor que sabe perfectamente lo que hace y tiene una impronta lo suficientemente fuerte como para enfrentarse al reto que es Doctor Sleep. Lo primero que nos llama poderosamente la atención de esta secuela es la distancia que marca Flanagan con Kubrick. Desde los primeros momentos, nos deja claro que esta película es muy diferente a su predecesora, creando un registro que se aleja del terror para moverse por las aguas del thriller psicológico y el drama. Con una puesta en escena con tintes oníricos y una narración que sigue tres historias, Doctor Sleep tiene en común con The Shining lo mismo que Back to the Future I con Back to the Future III: solo el nombre y algunos personajes (la primera es una aventura de viajes en el tiempo, la tercera un western con comedia). Intentar medir las dos con la misma vara sería una desfachatez terrible y una tentación en la que caerán muchos puristas.

 

Hay tres pilares que sostienen Doctor Sleep: la narración en paralelo de sus historias, la atmósfera que posee cada una y la mezcla de géneros que propone. Más allá de la pericia de Flanagan en la escritura del guión (para adaptar una obra compleja de King, desarrollar casi una decena de personajes nuevos, explicar elementos de la historia de fondo, contextualizar a los que no vieron The Shining y pasearse de una trama a otra en registros casi disímiles), hay que alabar su propuesta como director. El trabajo con la triada protagónica es para quitarse el sombrero; Ewan McGregor pasa de un tipo perdido en los vicios a un hombre de bien, lo mismo que de cobarde a valiente y de víctima a victimario; Rebecca Ferguson desde el primer plano nos hipnotiza como una suerte de bruja mezclada con Femme Fatale, hasta que la vemos perder el control por su ambición y quebrarse de miedo; por último, Kyliegh Curran logra cautivarnos con su interpretación y sabe llevarle el ritmo a los grandes que la acompañan. A todo esto se suma la impecable Dirección de Fotografía de Michael Fimognari (colaborador habitual de Flanagan) quien se pasea por todos sus registros previos y crea nuevas —y diversas— atmósferas en todo momento, manteniendo la estética fría que suele caracterizar su trabajo y metamorfoseándola a distintos settings. El diseño de producción de Maher Ahmad (que viene de trabajar en comedias como Zombieland, 30 Minutes or Less y The Hangover III) no se queda atrás, al recrear a la perfección el Hotel Overlook y, al mismo tiempo, desvencijarlo para marcar distancia con el pasado, dando como resultado un lugar “conocido, pero nuevo”. La música de The Newton Brothers, responsables de las bandas sonoras de las producciones de Flanagan, se mueve por homenajes al soundtrack original de The Shining y piezas únicas. Es así como su director logra crear un mix de elementos que dotan a Doctor Sleep de una personalidad magnética y la hacen una delicia visual. Flanagan despliega un abanico de emociones, personajes, historias y registros muy diferentes entre sí, hasta lentamente fusionarlos al llevarnos al desenlace de la película (sin lugar a dudas, el plato fuerte del largometraje).

 

Por supuesto, los guiños a The Shining están presentes, pero a diferencia de otros realizadores que hacen secuelas, Flanagan no replica el trabajo de su predecesora ni apela a la nostalgia. Al contrario, hace suya la puesta en escena de la materia prima con la que trabaja, recreando planos icónicos en otros contextos (como la entrevista de trabajo de Dan, la vieja en la tina de la habitación 237, el hacha y las escaleras, el momento en el bar y todo el tercer acto en el Hotel Overlook), sabiendo cuando homenajear al padre Kubrick y cuando separarse por completo de él. Una labor digna de admiración por la gran tentación que supone el ir a un lugar seguro y copiar al maestro en vez de tomar el reto de ir en su contra (a riesgo de ser tomado como un hereje). Decisión que hace que, al final de la proyección, independientemente de sus bemoles (como su extensa duración o algunas elecciones desafortunadas en el cast), Doctor Sleep logre sostenerse por sí misma y ser un largometraje especial dentro de los géneros que toca más allá de ser catalogada como “la continuación de The Shining”.

 

En resumen, Doctor Sleep es un buen thriller psicológico con pinceladas de terror, un poquito de drama y recubierto con un barniz onírico que le permite a su director lucirse con su puesta en escena en varias secuencias. Ewan McGregor nos cautiva con su rol de anti-héroe en busca de redención y Rebecca Ferguson brilla como nunca en su papel de bruja misteriosa, medio hippie y sensual. Dentro de la filmografía de Flanagan, Doctor Sleep es la suma de muchas piezas que van encajando en su lugar (el juego con la realidad de Oculus, los fantasmas del pasado de Absentia, los homenajes al terror clásico de Ouija: Origin of Evil, el juego con el mundo de los sueños de Before I Wake, la tensión de Hush y la adaptación de un texto de Stephen King en Gerald´s Game), logrando sostenerse por mérito propio y sabiendo rendirle tributo al maestro Kubrick sin llegar a copiarlo (más allá de su tercer acto, el largometraje está lleno de easter eggs que serán la delicia de muchos). Lastimosamente, Doctor Sleep será comparada con The Shining aunque es completamente diferente a ella (tanto en su registro dramático como en el desarrollo de su historia), colocando a Flanagan a competir contra el maestro Kubrick —una pelea absurda que ningún director puede sostener. Si el espectador logra sacarse el chip de “secuela”, podrá ver que, detrás de la historia sobre sectas, poderes psíquicos y fantasmas, hay un entramado sobre la ambición titánica de los hombres, el trabajo con la sombra familiar y la necesidad de mostrarnos tal como somos, temas universales que dotan a la obra de Flanagan de un corazón que ha ido perdiendo el género en la modernidad (y que vale la pena recuperar).

 

Lo mejor: Ewan McGregor y Rebecca Ferguson, los dos se roban el show con sus interpretaciones. La propuesta estética y narrativa de Mike Flanagan: tiene su propia impronta, pero sabe cuando rendirle homenaje a Kubrick. El mood creado por la música y la fotografía.

 

Lo malo: la elección de Henry Thomas para encarnar a Jack Torrance. En aras de ser fiel a la novela de Stephen King, la película tiene un primer acto bastante denso lleno de explicaciones y flashbacks que hubiesen podido omitirse para hacer la narración más sólida.

.fb_iframe_widget_fluid_desktop iframe {
width: 100% !important;
}

Fuente: www.asimplevista.com

QUÉ TE PARECIÓ ESTA NOTICIA